Henry Jenkins. Imagen obtenida de henryjenkins.org
Estos últimos meses estoy sintiendo que me sucede algo curioso. Yo no era consciente, pero ya me pasó hace muchos años, cuando estudié la historia de la comunicación corporativa. Sí, cuando empecé a saber más de Ivy Lee, de Edward Bernays o de Elton Mayo. Y también me pasó tiempo después, cuando Pierre Lévy me explicó qué era eso de la inteligencia colectiva o Castells empezó a hablarme de la sociedad informacional y de un nuevo modelo de ciudadanía. Y, por supuesto, cuando Simona Levi me aclaró que Internet no era una revolución industrial, sino una etapa histórica. O, incluso, hace bien poco, cuando Rheingold empezó a hablarme de las multitudes inteligentes y Jenkins del transmedia, de la convergencia mediática y de la cultura fan.
Zygmunt Bauman. Imagen obtenida de elpais.com (Carlos Rosillo)
¿Qué es lo que me ocurre? Que cuanto más leo sobre lo que me gusta y lo que me apasiona, también me gusta y me apasiona la parte contraria de forma directamente proporcional. Cuanto más trabajo e investigo en comunicación corporativa y socialmedia, más leo, más me intereso y más me documento en todo aquello que dice que casi todo esto es mentira, que casi todo esto es imagen y vanidad. Y, así, disfruto y entiendo cuando Bauman, por ejemplo, me explica que las plataformas social media crean una falsa sensación de democracia o nos hacen perder «el arte de las relaciones sociales«. Siento como si buceara en dos mares distintos. ¿Es grave doctor?
Desde hace unos años tengo la sensación de que vivo en una comedia de enredo. Incluso en el ámbito que nos reúne en este blog, la Comunicación Corporativa. En cierto modo, este tótum revolútum me gusta y me parece divertido. Empiezo a entrar en una edad en la que dejo de tomarme las cosas en serio. No puede ser de otra manera cuando, además, me doy cuenta de que de esta forma aprendo muchas más cosas.
Henry Jenkins y la cultura de la convergencia
No sabía explicar cómo era esta comedia de enredo hasta que leí Convergence Culture, de Henry Jenkins. El libro trata, entre otros asuntos, de la convergencia mediática, la cultura participativa, el fenómeno fan y la inteligencia colectiva.
Dice Jenkins (las negritas son mías):
«Bienvenidos a la cultura de la convergencia, donde chocan los nuevos y los viejos medios, donde los medios populares se entrecruzan con los corporativos, donde el poder del productor y el consumidor mediáticos interaccionan de maneras impredecibles. La cultura de la convergencia es el futuro, peo está cobrando forma en nuestros días. Los consumidores serán más poderosos en el seno de la cultura de la convergencia, mas sólo si reconocen y emplean ese poder como consumidores y ciudadanos, como participantes cabales en nuestra cultura».
Me encanta.
Cuestión psicológica
Para Jenkins, la cultura de la convergencia no sólo es una cuestión tecnológica, sino psicológica. El ser humano asume, adopta, absorbe la información que le viene por múltiples canales para elaborar un bagaje, una cultura propia. En el siguiente vídeo se explica bien:
Afirma, además, que los productores y los consumidores interaccionan. Estos últimos tienen más poder que antaño. Son capaces de hacer evolucionar un producto, alterar el guión de una serie, escribir secuelas de películas o libros que les hayan gustado:
«El término cultura participativa contrasta con nociones más antiguas del espectador mediático pasivo. Más que hablar de productores y consumidores mediáticos como si se desempeñaran roles separados, podríamos verlos hoy como participantes que interaccionan conforme a un nuevo conjunto de reglas que ninguno de nosotros comprende del todo. No todos los participantes son creados iguales. Las corporaciones, e incluso los individuos dentro de los medios corporativos, ejercen todavía un poder superior al del cualquier consumidor individual o incluso al del conjunto de consumidores. Y unos consumidores poseen mayores capacidades que otros para participar en esta cultura emergente».
Jenkins avisa que estamos viviendo los últimos latidos de un viejo sistema. Vendrá otro y tendremos que estar preparados:
En el libro se habla de dos términos clave en el desarrollo de la comunicación humana y, por lo tanto, también de comunicación corporativa: inteligencia colectiva y multitudes inteligentes.
Pierre Lévy
El término «inteligencia colectiva» fue acuñado por Pierre Lévy. Puede tener varias interpretaciones. En términos generales, el término intenta explicar que la colaboración, el debate y la ayuda entre individuos especialistas saberes particulares, específicos, microsaberes, conforman una supra-inteligencia. Ésta puede ser una nueva forma de poder o una oposición a la autoridad imperante.
«Multitud inteligente» es un término de Howard Rheingold. Tiene una base tecnológica: los individuos, estando conectados, son capaces de dar una respuesta rápida y colectiva a un determinado problema. Un ejemplo de acción de una multitud colectiva es la circulación de mensajes por teléfonos móviles u otros medios para, por ejemplo, realizar una protesta social.
Cómo es la comunicación transmedia
¿Cómo afecta esto al periodismo y a la comunicación corporativa?
El director creativo Diego Rivera nos desveló en la UC3M el ADN transmediático:
La narrativa transmedia es intencionada y responde a un plan/guión.
Se ayuda del fenómeno multipantalla o/y multicanal.
El público puede sumergirse, como dice Diego, «en distintos niveles de profundidad en el conocimiento del mensaje» de forma voluntaria. Es decir, el público decide hasta dónde quiere llegar y según la recompensa que reciba.
El público es cómplice de la historia narrada como un espectador espacial o co-creando la historia.
Las marcas, las instituciones no tienen que informar (quizá haya una saturación de información), tienen que generar emociones y esto se consigue generando experiencias.