La identidad visual corporativa (IVC) tiene un valor estratégico fuera de toda duda en la creación y en el mantenimiento de la Imagen Pública de una empresa. Transmite señas de identidad e intangibles, elementos fundamentales para que una entidad se diferencie de su competencia.
Ahora bien, cabe preguntarse si la IVC es realmente útil en una profesión tan específica como la abogacía, basada en la discreción y en el secreto profesional, y en la que la Publicidad, en todas sus formas, está sujeta a un estricto marco legal.
Acabo de publicar en la revista Área Abierta (Dpto. Comunicación Audiovisual y Publicidad I, Facultad de CC. de la Información de la Universidad Complutense de Madrid) un artículo que pretende arrojar luz sobre este asunto mediante el análisis de un caso práctico: la identidad visual corporativa del bufete Garrigues.
Si quieres leer el artículo completo (en pdf) pulsa aquí. Puedes visitar también el último número de la revista pulsando este otro enlace.

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